Para muchas personas, puede ser adecuada la actividad física ligera, como caminar, andar en bicicleta, nadar o cualquier ejercicio que se ajuste a sus capacidades.
Empiece despacio y no fuerce una articulación dolorida.
Controla tu peso corporal.
Las rodillas, las caderas y los tobillos, en particular, están expuestos a esfuerzos durante las actividades diarias.
Cuando una persona tiene sobrepeso, la pérdida de peso gradual puede reducir la presión sobre ciertas articulaciones. Por lo tanto, un peso saludable puede formar parte de un enfoque integral para la salud articular.
Para esto no son necesarias las dietas extremas. Un enfoque gradual con los nutrientes adecuados suele ser más sensato.
Asegúrate de tener músculos fuertes.
Unos músculos fuertes alrededor de una articulación pueden ayudar a sostener el cuerpo durante el movimiento.
El entrenamiento de fuerza específico no tiene por qué ser pesado. Los ejercicios se pueden adaptar a la edad, el nivel de condición física y cualquier problema articular.
Si padece mucho dolor o tiene alguna afección articular conocida, un fisioterapeuta puede ayudarle a elegir los ejercicios adecuados.
Dale a tu cuerpo la recuperación adecuada
El entrenamiento es importante, pero la recuperación también lo es.
Si alguna actividad en particular empeora claramente tus síntomas, quizás quieras reducir temporalmente su intensidad. Intenta encontrar un equilibrio entre el ejercicio y el descanso.
¿Cuándo se debe buscar atención médica?
Pida cita con un médico si el dolor o la rigidez en las articulaciones se repiten con regularidad, persisten durante varias semanas o interfieren con sus actividades diarias.
Si una articulación se vuelve repentinamente muy dolorosa, roja, caliente y gravemente inflamada, busque atención médica lo antes posible, especialmente si también tiene fiebre o se siente claramente mal.
La evaluación médica también es importante después de una lesión grave, cuando no se puede mover una articulación correctamente o cuando no se puede apoyar peso sobre ella.
Escucha a tu cuerpo.
Un principio importante es que no hay que esperar a que los problemas articulares se agraven antes de abordarlos.
Un solo día de dolor no suele ser motivo de pánico. Pero si la misma dolencia reaparece, empeora gradualmente o limita la movilidad, conviene investigar qué puede estar sucediendo.
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