Pero, ¿cómo llegan hasta allí arriba?
La técnica es bastante sencilla: se atan los cordones con fuerza y luego se lanzan con impulso hacia la cuerda. Con un poco de suerte —y sobre todo, de habilidad— se enredarán y quedarán atrapados.
Incluso cuando se eliminan, aparecen rápidamente otras nuevas, como si este ritual fuera parte integral del paisaje urbano.
Un secreto que forma parte de su encanto.
En definitiva, no existe una única explicación, sino multitud de historias entrelazadas.
Y eso es precisamente lo que hace que estos zapatos flotantes sean tan fascinantes: son a la vez un juego, un recuerdo, un símbolo o simplemente fruto del azar.
La próxima vez que mires hacia arriba, recuerda que sobre ti podría haber una historia que jamás hubieras imaginado: un auténtico fragmento de la cultura urbana .
