Perder el equilibrio, miedo a tropezar, sentirse menos seguro en terreno propio… Estas pequeñas señales de alerta a veces se desarrollan gradualmente con los años. Solemos pensar que es «normal», inevitable, casi una consecuencia del envejecimiento. Y sin embargo… Muy a menudo son los pequeños detalles, casi invisibles, de la vida cotidiana los que juegan en nuestra contra. Hábitos aparentemente insignificantes, fáciles de corregir, pero con un gran impacto en nuestro bienestar. ¿Y si todo comenzara ahí, para ayudarnos a mantener el equilibrio a lo largo del tiempo?
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Una rutina diaria sedentaria debilita gradualmente el cuerpo.

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