Céntrate en la luz, pero no en exceso.

La luz juega un papel fundamental en la floración. La planta de jade prospera en lugares luminosos, pero no tolera la luz solar directa, especialmente detrás de una ventana. Una exposición excesiva puede quemar las hojas y frenar su crecimiento.
Lo ideal es colocarla cerca de una ventana bien iluminada con luz suave e indirecta. En invierno, conviene acercarla a la fuente de luz, ya que es cuando la planta se prepara para florecer.
Clima frío: un desencadenante que a menudo se pasa por alto
Este es el truco más sorprendente: un ligero efecto refrescante favorece la floración. A finales de otoño e invierno, la planta de jade agradece las temperaturas más bajas, idealmente entre 10 y 15 °C.
Esta variación de temperatura recrea el entorno natural de la planta y actúa como una señal: la planta entiende que es el momento de producir flores. Sin embargo, es importante evitar las heladas y las corrientes de aire repentinas, que pueden debilitarla.
Riego: menos es más…
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