¿Y si eso te resulta incómodo?
Este es el punto crucial que nunca debe pasarse por alto. Independientemente del contexto o las supuestas intenciones, tus sentimientos son lo primero.
Si este gesto te molesta, te sorprende o te incomoda, es importante que le prestes atención. Tienes todo el derecho a retirar la mano con delicadeza, alejarte o establecer límites claros.
Un intercambio sano siempre se basa en el respeto mutuo. Un gesto, por insignificante que parezca, nunca debe forzarse.
El contexto lo cambia todo: haz las preguntas correctas.

Antes de sacar conclusiones precipitadas, tómese un momento para considerar la situación en su conjunto.
¿Esta persona es cariñosa por naturaleza con todo el mundo?
¿Este gesto forma parte de una serie de muestras de cercanía? ¿
Te sientes cómodo o, por el contrario, algo abrumado?
El lenguaje corporal funciona como un rompecabezas. Un gesto, visto de forma aislada, puede resultar engañoso. Pero en contexto, se vuelve mucho más comprensible.
Y, sobre todo, tu intuición sigue siendo tu mejor aliada. A menudo capta detalles que no analizamos conscientemente.
Escuchar tu intuición es la clave para evitar errores.
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