Es asombroso cómo un solo instante puede reconfigurar nuestra percepción de un espacio tan familiar como nuestro propio baño. Creemos saberlo todo sobre nuestro apartamento, nuestros hábitos, nuestras habitaciones. Y entonces la naturaleza nos recuerda suavemente que, en realidad, no respeta nuestros límites.
La lección es, en definitiva, bastante sencilla: los lugares que creemos conocer mejor aún pueden sorprendernos; a veces, basta con echarles un segundo vistazo.
