Todos lo hemos hecho: el teléfono enchufado, guardado bajo la almohada para que la alarma suene por la mañana. Es práctico, tranquilizador, parece completamente inofensivo. Sin embargo, los expertos en seguridad contra incendios coinciden en que este pequeño hábito nocturno es mucho más arriesgado de lo que parece. Lo que revelan merece sin duda nuestra atención.
Lo que los bomberos ven con demasiada frecuencia en los hogares.
Los bomberos reiteran con frecuencia que una gran proporción de los incidentes domésticos relacionados con dispositivos electrónicos se originan por malos hábitos de carga. El más común es dejar el teléfono inteligente cargando debajo de la almohada, enterrado en un edredón o sobre el colchón.
¿El problema? Cuando un teléfono se carga, genera calor de forma natural. Sobre una superficie dura, este calor se disipa en el aire circundante. Pero atrapado bajo varias capas de tela o espuma, no tiene adónde ir. La temperatura aumenta y las consecuencias pueden ser graves.
Los riesgos concretos de una mala ventilación
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