La hidratación corporal, un factor que a menudo se pasa por alto.
Al igual que la piel, las uñas necesitan agua. Cuando el cuerpo está deshidratado, las uñas se resecan y se quebrantan con mayor facilidad. Beber suficiente agua a lo largo del día también es una forma de cuidar las manos desde dentro. Es un paso sencillo, pero cuyos efectos se notan a largo plazo.
La tiroides: una pista que no debe pasarse por alto
El hipotiroidismo, una afección conocida como tiroides hipoactiva, puede provocar que las uñas se vuelvan finas, quebradizas y de crecimiento lento. Este trastorno suele ir acompañado de fatiga persistente, piel seca, aumento de peso inexplicable o mayor sensibilidad al frío.
Si te identificas con varios de estos síntomas a la vez, te conviene hablar con tu médico. Un simple análisis de sangre suele ser suficiente para obtener una imagen más clara.
Edad y hábitos diarios
Con el tiempo, el crecimiento de las uñas se ralentiza de forma natural y la placa ungueal se vuelve más fina. Esto no es inevitable, pero sí requiere más atención. Cortarse las uñas con regularidad, limarlas suavemente, evitar mordérselas, usar guantes al trabajar en el jardín y llevar una dieta equilibrada con verduras, frutas y proteínas magras… Estos pequeños hábitos marcan la diferencia a lo largo de las semanas.
¿Cuándo se debe consultar a un médico?
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