El verdadero espectáculo comienza en la etapa larvaria. Las larvas construyen una pequeña cápsula protectora con seda y restos vegetales: fragmentos de hojas, ramitas, pequeños trozos de corteza. Llevan consigo este “hogar” a todas partes, como un bolso natural.
En su interior, crecen ocultas a la vista. Esta ingeniosa estrategia les permite protegerse y pasar desapercibidas. De adultas, algunas hembras permanecen adheridas a su soporte, casi con total discreción.
Es un ciclo de transformación digno de un cuento de hadas, pero muy real, que nos recuerda lo ingeniosa que puede ser la naturaleza.
¿Deberíamos tener cuidado con eso?
Buenas noticias: absolutamente no.
El escarabajo Kamitetep no pica, no busca el contacto y no tiene interés en nosotros. En su etapa larvaria puede roer algunas hojas, pero en un jardín equilibrado esto suele ser limitado.
Si logra entrar, retírelo con cuidado utilizando un recipiente y una sábana rígida. Sencillo y respetuoso.
La próxima vez que te encuentres con esta figura intrigante, en lugar de apartar la mirada, tómate unos segundos para observarla: verás que cuenta una maravillosa historia de adaptación y discreción.
