Hazte esta pregunta sincera: ¿Me respeto de verdad a mí mismo?
Este es el aspecto más delicado, pero también el más liberador. Las personas con una autoestima genuina no permanecen en entornos donde se sienten constantemente menospreciadas. No racionalizan ni esperan a que los demás cambien.

Si te encuentras atrapado en una rutina repetitiva, pregúntate con sinceridad: “¿Qué me mantiene aquí?”. La respuesta puede resultar un poco dolorosa, pero también te abrirá una puerta a algo mejor.
El respeto no es algo que se exija: es un nivel de expectativa que encarnamos cada día, a través de nuestras acciones.
