Espolvorea el hígado con uno de los ingredientes antes de freírlo: así quedará más tierno, más sabroso y sin amargor.
No se endurecerá y los paladares más exigentes quedarán encantados. Añadir este ingrediente al hígado puede parecer un error culinario, pero en realidad es el azúcar lo que le aporta suavidad y jugosidad: un truco que lo cambia todo.
Si se utiliza correctamente, una pequeña cantidad de azúcar no estropea el sabor, sino que lo realza y hace que el hígado quede más tierno, suave y sin rastro de amargor.
Este consejo insólito proviene de la chef Yulia Arkhipova, quien afirma que el azúcar es el responsable de la textura perfecta.
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