El invierno puede hacer que la fatiga sea más notoria.
A medida que los días se acortan y oscurecen, recibimos menos luz natural.
La luz es una parte importante del ritmo circadiano del cuerpo. La luz de la mañana ayuda a indicarle al cuerpo que el día ha comenzado y puede contribuir a mantener estable el ritmo de sueño-vigilia.
Por lo tanto, puede ser útil salir al aire libre durante el día, a primera hora, siempre que sea posible.
No hace falta complicarlo.
Un breve paseo al aire libre por la mañana, desayunar cerca de una ventana o ir andando al trabajo pueden proporcionarte más luz natural que si pasas toda la mañana encerrado.
Pero la oscuridad del invierno no explica toda la fatiga. Si la falta de energía es severa o se prolonga, conviene considerar otras posibles causas.
La pantalla por la noche no es necesariamente todo el problema.
Para muchos, el teléfono se ha convertido en una parte natural de la rutina nocturna.
Es fácil tumbarse en la cama y pensar que solo hay que comprobar una cosa, y de repente han pasado 45 minutos.
El uso de pantallas por la noche puede afectar el sueño, especialmente porque la luz y el contenido estimulante pueden dificultar conciliar el sueño. Pero no se trata solo de la llamada luz azul.
Si te tumbas a ver vídeos, leer mensajes o consultar las redes sociales hasta altas horas de la noche, la actividad en sí misma puede mantener tu cerebro activo a la vez que reduce el tiempo que realmente tienes disponible para dormir.
Por lo tanto, intente que la última parte de la velada sea más tranquila.
Atenúa las luces, guarda el teléfono un rato y elige algo que ayude a tu cuerpo a comprender que el día está llegando a su fin.
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