Coloca el pollo empanizado sobre una bandeja para hornear forrada con papel vegetal y rocíalo ligeramente con aceite de oliva. Fríe el pollo hasta que la corteza esté dorada y el pollo esté bien cocido.
Luego, añade la salsa de tomate y el queso, y vuelve a meter el pollo en el horno durante un rato.
La corteza puede ser un poco diferente a la que se obtiene al freír en sartén, pero el resultado puede ser igualmente deliciosamente crujiente.
Añade sabor extra
Puedes adaptar fácilmente la receta a tu gusto.
Por ejemplo, puedes añadir hojuelas de chile a la salsa de tomate para una versión más picante. El ajo fresco le da más sabor, mientras que la albahaca fresca le aporta un aroma fresco.
Para conseguir una corteza extra crujiente, puedes sustituir parte del pan rallado normal por pan rallado más grueso.
También puedes añadir un poco más de queso parmesano al rebozado para conseguir un sabor a queso más intenso.
Errores comunes
El pollo es demasiado grueso: como resultado, el centro tarda más en cocinarse y la corteza puede quedar demasiado oscura.
La sartén no está lo suficientemente caliente: la corteza absorbe más aceite y queda menos crujiente.
Demasiada salsa: esto provoca que el rebozado se ablande rápidamente.
Demasiado queso: una capa generosa es deliciosa, pero una capa extremadamente gruesa puede hacer que el plato resulte pesado.
Trinche el pollo inmediatamente: dejarlo reposar unos minutos dará como resultado un pollo más jugoso.
Conclusión
Este exquisito pollo a la parmesana combina todo lo que se espera de un plato reconfortante y delicioso: pollo tierno, una corteza crujiente y dorada, salsa de tomate picante y una generosa capa de queso fundido.
Los tres consejos más importantes son sencillos, pero marcan una gran diferencia:
- Presiona el pan rallado firmemente y déjalo reposar un rato.
- No uses demasiada salsa de tomate para que la corteza quede crujiente.
- Deja reposar el pollo unos minutos después de freírlo antes de servirlo.
Sirve el pollo a la parmesana con pasta, ensalada o verduras asadas, y termina con albahaca fresca y queso parmesano extra. El resultado es una comida caliente y dorada, perfecta para una cena acogedora con familiares o amigos.
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