A veces probablemente solo piensa:
Un aroma interesante. Investiguemos.
¿Por qué mi perro me lame más que a otras personas?
Puede haber diferentes razones para ello.
Tal vez tengas el vínculo más fuerte con él.
Tal vez le prestas más atención.
Quizás tus manos huelan diferente.
O tal vez haya aprendido que siempre reaccionas cuando te lame.
Al fin y al cabo, los perros aprenden mucho mediante la repetición.
Si una persona recompensa con frecuencia la conducta, y otra persona no le presta atención de forma constante, el perro puede adaptar su comportamiento a la persona que tiene delante.
¿Cuándo es realmente necesario practicar la atención plena?
La señal de advertencia más importante no es ni un solo lametón.
Se produce un cambio repentino en el comportamiento .
Si tu perro apenas se ha lamido durante años y de repente empieza a lamerse constantemente, a acicalarse de forma obsesiva o a mostrar otros cambios, debes prestar mucha atención a lo que está sucediendo.
¿Come diferente?
¿Duerme de forma diferente?
¿Está más inquieto?
¿Se está retirando?
¿Se rasca mucho?
¿Parece que siente dolor en alguna parte?
En estos casos, es prudente no interpretar simplemente el comportamiento como “es solo una muestra de cariño”, sino considerar posibles causas físicas o conductuales.
¿Qué es lo que realmente intenta decirte tu perro?
La respuesta honesta es:
Depende de la situación.
Cuando tu perro se acerca a ti de forma relajada, te lame la mano un par de veces y luego se sienta tranquilamente a tu lado, es muy probable que sea una forma de buscar contacto social.
Cuando te lame después de comer, puede que esté particularmente interesado en el olor y el sabor.
Si te lame en cuanto le hablas, puede que quiera llamar tu atención.
Y si de repente empieza a lamerse constantemente mientras parece inquieto o tenso, ese comportamiento podría indicar estrés, aburrimiento u otro problema.
Por lo tanto, es mejor no traducir automáticamente cada lamida como “Te amo” .
Mira el panorama completo.
Su actitud. Sus ojos. Sus orejas. Su cola. La situación. El momento en que comienza el comportamiento. Y sobre todo: ¿qué hace después?
En definitiva, esto es quizás lo más bonito de vivir con un perro.
Tu perro no puede decirte con palabras lo que siente o necesita.
Pero se comunica todo el tiempo.
Con su cola.
Con sus ojos.
Con su actitud.
Con sus movimientos.
Y sí, a veces también con un lametón en la mano.
Cuanto mejor aprendas a reconocer estas señales, más fácil te resultará entender a tu perro.
Quizás ese sea, en última instancia, el verdadero mensaje detrás de ese pequeño lametón:
“Solo vigílame. Estoy intentando comunicarme contigo.”
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