Céntrate en lo que aceptas, no en lo que quieres cambiar.
“¿Cómo puedo lograr que me respete más?” Esa es la pregunta equivocada. No podemos controlar el comportamiento de los demás. Sin embargo, sí podemos controlar lo que toleramos.

Si alguien te ignora, te menosprecia o te interrumpe sistemáticamente, puedes optar por marcharte, sin dar explicaciones ni armar un escándalo. Eso es demostrar con acciones el trato que te niegas a aceptar. Mucho más efectivo que cualquier palabra.
Hazte esta pregunta sincera: ¿Me respeto de verdad a mí mismo?
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