Cruzar las piernas no es ni un error ni una obligación. Es un hábito, moldeado por la historia, la cultura y nuestros sentimientos personales. Pero hoy tenemos la libertad de elegir lo que realmente nos hace sentir bien.
En una vida cotidiana en la que pasamos tanto tiempo sentados, quizás el gesto más simple —poner ambos pies en el suelo y respirar profundamente— sea también un pequeño acto de bienestar y autoestima diarios .
