La teoría evolutiva sugiere que estos temblores son un vestigio de nuestros ancestros que dormían en los árboles. El cerebro, por lo tanto, controlaría nuestros reflejos para evitar que cayéramos al vacío.
Factores que exacerban estos calambres
Ciertos elementos pueden favorecer la aparición de estos temblores nocturnos:
Estrés y ansiedad: una mente hiperactiva continúa enviando señales al cuerpo, incluso en reposo. Cafeína y estimulantes: retrasan conciliar el sueño y aumentan la tensión muscular. Ejercicio tardío: mantiene los músculos despiertos y dificulta la fase de relajación. Falta de sueño: un periodo prolongado de sueño hace que la transición al sueño sea abrupta e inquieta.
¿Deberíamos alarmarnos?
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