¿Por qué se suele pasar por alto… y por qué es peligroso?
Al principio, no hay señales: ni dolor, ni fiebre, ni síntomas visibles. Pero el hígado se inflama sin que nadie se dé cuenta. Con el tiempo, algunas personas experimentan fatiga persistente, molestias en la parte superior derecha del abdomen o sensación de saciedad después de comer. Si aparecen estos síntomas, significa que el hígado está inflamado. Si no se trata, puede provocar complicaciones graves como esteatohepatitis no alcohólica (EHNA), fibrosis, cirrosis o incluso cáncer de hígado. Pero no se preocupe: con una intervención oportuna, la afección puede revertirse.

¿Cómo puedes saber si estás afectado?
El diagnóstico suele realizarse mediante una combinación de pruebas sencillas:
Análisis de sangre para medir las enzimas hepáticas. Ecografía abdominal para visualizar depósitos de grasa. En casos complejos o avanzados, a veces se realiza una biopsia.
Si presenta uno o más factores de riesgo (sobrepeso, diabetes, sedentarismo, etc.), consulte a su médico. Más vale prevenir que curar.
Buenas noticias: es posible revertir la situación de forma natural.
Aunque no existe ningún medicamento aprobado para tratar el hígado graso, simples cambios en el estilo de vida pueden marcar una gran diferencia:
Objetivo: hacer más ejercicio
Haz ejercicio con regularidad, al menos 2,5 horas a la semana. Esto puede ser tan sencillo como dar un paseo a paso ligero de 30 minutos cinco veces por semana.
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