Además, la salsa de tomate ligeramente ácida equilibra el sabor intenso del queso y la corteza crujiente. Por último, la albahaca fresca aporta un aroma fresco y herbáceo.
¿Qué queso puedes usar?
La mozzarella es la opción clásica porque se derrite a la perfección y proporciona una textura suave y cremosa.
El queso parmesano, por otro lado, proporciona un sabor más intenso, salado y sabroso.
También puedes usar una combinación de mozzarella y otro queso que se derrita bien, pero ten en cuenta que los quesos de sabor fuerte pueden alterar el carácter del plato.
¿Con qué lo acompañas?
El pollo a la parmesana combina a la perfección con pasta en una sencilla salsa de tomate. También puedes servirlo con espaguetis, penne o linguini.
Para una comida más ligera, puedes optar por una ensalada verde grande con pepino, tomate y una vinagreta sencilla.
Las verduras al horno, las patatas o el pan crujiente también combinan bien con este plato.
Cómo evitar una corteza blanda
Uno de los mayores problemas del pollo a la parmesana es que la corteza se ablanda en cuanto se le añade la salsa y el queso.
Existen varias maneras de prevenir esto:
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